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“12/31”

Cada vez se me hizo más difícil escribir – o expresar lo que sentía … hasta que al final no lo hice más. No por los medios usuales. Claro, hubo intentos de cuentas alternas, parajes secretos en el ciberespacio, recovecos que tampoco me sirvieron de alivio pero que no pienso borrar porque uno nunca sabe cuándo los vaya a necesitar de nuevo.

No sé qué me pasa (o qué me pasó; quisiera pensar que no se va a repetir)… Quisiera culpar a las hormonas, al calor / frío de verano / invierno (cosas imposibles en este punto kármico de la isla, en el mismo cruce del Ecuador y Greenwich) … quisiera culpar a los demás, pero está un poco difícil apuntar un dedo cuando los otros cuatro que completan la mano están apuntando a uno mismo. Al final lo que queda es la auto culpa. Y empezar a remediarlo.

Aún así, no puedo ignorar las señales que me envía mi cuerpo (las cosas no andan como habitualmente, es un poco preocupante y no puedo descifrar si la tensión es la causa o el resultado).

El año se termina y, lejos de estar haciendo resoluciones insulsas que se marcan con el sellito “12/31”, ya hace rato mi resolución fue … otra. Pero ¿quién soy yo para negarle la gracia al último día del calendario 2010? Si hago una restrospectiva, lo que veo es espantoso, y si miro al futuro lo que veo es espeluznante. Estoy rodeada de horrores, y de entre este jardín de lo macabro me toca crecer y continuar echando hojas, a ver si algún día mi sombra es suficiente para proteger a los que amo.

Mientras tanto, me toca resguardarme en el ajetreo de los estudios y el falso sentido de urgencia del trabajo; es como continuar laborando con pala y un cubito en el Titanic. En un rincón, ante mi atónita mirada (llena de envidia) veo la larga fila de motas negras y marrones, ojitos brillosos, narices al aire, bigotes eternos… todos ellos caminando por la soga hacia fuera de la nave, hacia … ¿el mar?

¡Quién fuera rata!

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Un paso hacia el abismo…

¡Tan dramática! Pero no miento: el “abismo” es ese hoyo negro llamado “maestría”, la cual comienzo este semestre que viene. 30 de agosto: esa es la fecha en la cual la academia me va a tragar.

…aunque ya me tiene tragada. Hacía tiempo no actualizaba en el blog, y la única excusa (mala) que puedo ofrecer es que he estado más pendiente a los asuntos de la matrícula que otra cosa. Ha sido un poco sobrecogedor por las siguientes circunstancias:

– Yo recibo exención de matrícula gracias a que mi pareja trabaja en la UPR

– La fecha límite para someter la solicitud de exención para el próximo semestre era a finales de julio.

– La fecha en la cual yo habría de hacer mi matrícula sería el 10 de agosto – esto debido a que soy estudiante de “nuevo ingreso” en cursos graduados. Nos recibieron con orientación y toda la cosa, y obviamente con recomendaciones acerca de los cursos a tomarse en el primer semestre. Podía hacer mi prematrícula, pero no necesariamente iba a hacer el mejor escogido.

– Intenté orientarme con el personal del Departamento de Traducción, y me dieron un ‘la’ acerca de los cursos que debía tomar. Intenté hacer prematrícula antes de la fecha estipulada, y ¡claro! de los 3 cursos que quería tomar, uno salía cerrado. El detalle es que todos los cursos que voy a tomar deben aparecer prematriculados cuando voy a someter la solicitud de exención. Si no aparecen en la pantalla whatever-they-call-it, no otorgan la exención. Si sometía la solicitud con cursos de más (preemptive strike), tampoco me otorgaban la exención. Estaba en un impasse con el sistema.

– Pero hablando se entiende la gente: la oficial de Beneficios Marginales en el Departamento de Recursos Humanos me dijo que, dado mi caso, llevara la solicitud de exención tan pronto lograra hacer mi matrícula, que ellos la trabajarían con prontitud.

De todos modos, la incertidumbre (que ha lugar, porque el sistema administrativo de la UPR ha demostrado ser de todo menos eficiente) me tenía los nervios roídos. Asistí a la orientación, me pompié con el prospecto de empezar el camino hacia mi nueva carrera, solicité matrícula para los cursos que había escogido… luego llevé la solicitud de exención … y “color me surprised”, ¡la exención bajó en cuestión de un día! 😀 Tengo todos mis cursos y no tuve que pagar sino cuotas de mantenimiento y tecnología. ¡Hurra!

Así se ve mi programa de clases:

Voy a estar tomando Sintaxis de español, Conceptos Básicos de Traducción, y Semiótica … la última es la que me tiene especialmente nerviosa. Sé lo que es la semiótica, y sé que una clase equivalente (en la facultad de Comunicación) logró reducir a Ezequiel a las lágrimas (casi … sí, exagero un poco).

De todos modos: ¡9 créditos! Whoohoo! Voy a estar hasta las cachas en lecturas. Lunes, miércoles y jueves han sido arrestados por mi deseo de hacer una maestría. Wouldn’t have it any other way…

Ahora, hay poco wishlist para este semestre (aparte de la costosa Gramática Española de la RAE, que cuesta un ojo de la cara y abarca dos hermosos volúmenes. Y un carnoso diccionario de etimología, sólo porque sí). Pero lo que me tiene la cabeza comida es esto:

Un nuevo bolígrafo de Sharpie: Liquid Pencil. Espero que no sea tan mierda como el Eraser Mate de los ’80… pero si escribe tan bonito como un lápiz (lo que me enseñan en la foto es más o menos eso) … bueno, definitivamente está en mi To Shop List. Sólo falta que salga. (Tanta cosa por un BOLIGRAFO)

BTW:

GOOD NEWS, EVERYONE!

¡Aprendí a hacer arroz! Para aquéllos que me conocen bien, probablemente les corre un “¡Por fin, puñeta!” por la mente. Pues les cuento que efectivamente, por fin. Y aparentemente, me queda muy bueno. Ya he hecho arroz con cebolla y tocineta (ése fue el primero, con la ayuda y guía de Eze), arroz blanco, arroz con coco y arroz jasmín. ¡Enhorabuena!

…yyy, para mi familita que en ocasiones vive en nostalgia por las artes culinarias de mamá (y que todavía no nos ponemos de acuerdo a ver quién se aprende cuál receta), les cuento que también hice hoy, por primera vez, el fabuloso bizcocho de ron. Yup, Bacardi Rum Cake, que acaba de perder – a mis manos – todo el caché de los ’60 porque lo hice con Ron Barrilito y Palo Viejo. ^_^ Bizcocho de ron pa’ la recesión del nuevo milenio. Luego les cuento cómo quedó.

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Una aventura llamada: “La *&%@$ Monografía”

He estado out of the loop por algunas semanas ya. No he visto a mi madre en dos semanas y no he hablado con mi padre en el mismo tiempo. La mayoría del tiempo lo he pasado enconada en mi casa, en un estado de estupor entre dormida y despierta, con un dolor de espalda que probablemente trae el nombre “Colchón Viejo” tallado en su origen, celebrando a media potencia cumpleaños y aniversarios…

Una de las razones para este comportamiento de hibernación en pleno verano es La Monografía. La Monografía, que me ha venido quitando el sueño desde principios de semestre, cuando (a mí nada más) se me ocurrió transar con la profesora: a cambio del primer examen parcial, mejor hago una monografía. Sonaba a “¡excelente idea, Diana Campo!”, especialmente porque quería ir acostumbrándome nuevamente a ese tipo de tarea académica para cuando me empiece el martirio de la maestría (ya falta poco, falta muy poco).

Lo que no me esperaba era la infatuación (rayando en adoración)  que iba a desarrollarse con la profesora: su nivel de conocimiento y erudición, especialmente acerca del tema que había escogido para la monografía, era intimidante. ¿A quién rayos se le ocurre ponerse a hablarle a la prof. Luce Lopez-Baralt acerca de Don Quijote?

A esta guanaja que está aquí.

Tras mi mamá haberme pagado (tan generosamente)  un cursillo de 10 horas contacto acerca del Quijote – con la propia profesora, en la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, – yo estaba cada vez menos y menos segura de mí misma. De lo que estaba segura era de que no había NADA que yo pudiera decir del Quijote que Luce no hubiese escuchado ya como 300 veces… ni aún cuando se trataba de un paralelo entre Don Quijote y The Neverending Story.

Yep! Pasar un verano torturándome con lecturas obligadas: best summer evah!

Esa ansiedad se convirtió en una fuerza paralizante: no importa cuánto leía o dejaba de leer, no me sentí apropiada en ningún momento. Ni James Parr, ni Ruth El-Saffar ni Jorge Luis Borges me ayudaron a sentirme en mayor confianza con el tema. La extensión del semestre por la huelga tampoco hizo mucho por mi bienestar emocional: tenía más tiempo pero, en vez de escribir o leer, era más tiempo para atormentarme con la tarea que me esperaba.

Lo que me sacudió fue mucho más pueril: un sueño. Mejor dicho: una pesadilla. Sin entrar en los detalles más absurdos de lo que vi, Luce me tenía reunida para hablar acerca de la monografía y comenzó a hacerme preguntas acerca de lo que yo pensaba acerca del Quijote. En resumen, la Luce de mi sueño estaba negándome la dualidad maravillosa de la locura de Don Quijote, cosa que me parecía absurda porque Luce es la primera en quedar deleitada con los juegos mágicos que Cervantes se gasta en su mejor novela.

...también había un cojonal de dulces y helado en el sueño, pero eso no viene al caso.

En fin, con ese sueño quedé asegurada de que lo que sabía del Quijote, lo sabía bien. Y me puse a escribir.

Y lo comparto con mis lectores porque no es justo que no actualice mi blog en una eternidad y luego no tenga nada que mostrar como resultado:

Monografia_DianaMCampo

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Luce y la lucha

Nunca había terminado un curso en una nota tan triste…

Ayer fue el primer día de clases después de más de dos meses de ausencia . Entre la huelga estudiantil y el cierre administrativo previo y posterior (como elemento de intimidación e invalidación o producto de la ineficiencia), el semestre quedó desplazado para finalizarse exactamente en las fechas en las que el próximo semestre regular habría de comenzar. Esto significa que  – al estar ahora en pleno medio del verano – hay un gran porcentaje de estudiantes fuera del país, o fuera del área, o fuera del estado anímico para estudiar. Este dato no se le escapa a una porción importante de los profesores. Mi profesora no es la excepción.

Ayer el ánimo antes de clase era de ansiedad mezclada con la alegría y camaradería de vernos de nuevo. Sonrisas nerviosas eran el canvas desplegado en ese saloncito. Y un silencio de cámara se apoderó tan pronto entró la profesora. Luce López Baralt es una persona que, aunque pequeña y delicada en su aspecto – y absolutamente elegante – provoca un respeto absoluto. No es por lo seria: la profesora imparte sus clases con un placer y una estima hacia su profesión y su estudiantado incomparable. Sólo de los alumnos de ella – ahora profesores – con quienes he tomado clases (menciono al Prof. Emilio Baez y a la Prof. Maria T. Narvaez) puedo decir cosa similar: fueron excelentes profesores, y espero poder volver a tomar clases con ellos algún día. Les debo en gran parte la posibilidad de hacer una maestría. La Profesora López Baralt, no obstante, es La Maestra de entre todos los demás.

Profesora Luce Lopez Baralt

… y ayer la noté por primera vez perturbada. Su temple de dignidad estaba intacto, pero la tristeza le inundaba los ojos y, contrario a otros profesores – estoy segura – abordó el tema que ha estado sacudiendo los cimientos de la UPR desde hace mucho tiempo ya. Respetó nuestra inteligencia y, en lugar de continuar “como si nada”, se tomó la molestia de preguntarnos “¿Y ustedes qué piensan de esto?”. Le dedicó una gran parte del tiempo asignado a la clase para hablar del tema: la huelga, lo jodido que está el país, lo que nadie se atreve a decir. “Fascismo” salió de sus labios y, sabiendo que ella es apasionada pero cautelosa, quedo asegurada de que lo que llevo tiempo temiéndome, lo que a veces he pensado que es producto de mi paranoia y tendencia a la crisis, todo eso es VERDAD. Lo que está pasando en el país, lo que está pasando en la UPR, no es “cañiña de mono” (como diría papi). Estos no son escarceos entre policías y Che-Marleys. “Ya entramos en la barbarie,” como dijera Luce, y el que todavía me insista en que no somos un país tercermundista está viviendo en una fantasía agarrado de las pelotas con Luis Fortuño.

La profesora entonces nos notificó que “no es el momento de continuar el curso”. Pudimos notar el ausentismo grave y luego enterarnos de que muchos de los ausentes no lo estaban por vagancia o desinterés, si no por planes previos. Mucha gente ubicada allá afuera. “No es justo darle la clase sólo a algunos,” nos dijo ella, y tiene razón. Acordamos una serie de trabajos repositorios para los que no teníamos nota, y los que sí la tienen pues ya se la quedan. Y presencié lo que estoy segura no muchos presencian: ver a esta mujer, esta prócer de la academia, ilustrísima profesora con lágrimas saliéndole de sus claros ojos. Eso me resquebrajó el corazón.

Nos despedimos y me le acerqué para agradecerle su gesta en los momentos en que la comunidad universitaria lo necesitó tanto, su presencia en los portones en los momentos en los cuales la policía le negó la entrada de alimentos a los que estaban allí apostados, sus escritos, su presencia, su clase… y ese abrazo fue tan fuerte, me dolió tanto, me traspasó el alma… “el país te necesita,” me dijo. Y, aunque me jode decirlo, es verdad. El primer impulso ha sido huir. Miramos para afuera mucho porque adentro se nos está haciendo imposible pero, si vaciamos el país, la isla se queda desamparada y entonces ellos ganan.

(foto de Rojo Gallito)

Ezequiel también el otro día lo dijo: “Éste es el momento de quedarnos y luchar.” Hay que dar la batalla. Nunca he sido muy aferrada a la idea de una patria, creo que es porque siempre he dividido el alma en dos: una parte para el Puerto Rico que quisiera que existiera, y otra parte para la Colombia idílica que me creo que existe. Ver el país que de pronto se fue a la mierda, el país en el que crecí, que esto no era así, que se podía salir sin miedo a que una bala le cruzara el pecho a uno porque saliste en mala hora, que no era cosa de todas las noches las ráfagas de tiroteo por las guerras del narcotráfico, que podías disentir sin que un policía te cruzara la chola a macanazos… esto no era así, pero esto fue lo que nos dejaron.

Y sé que me tengo que quedar, luchar, ser inteligente, conscientizar… pero a veces atisba la parte de mí menos madura, de pronto se asoma la niña que aún sigue viva, aún está ahí y cree en unicornios y extraña a papá … y esa niña llora porque la dejaron sola en esta isla. Mi hermano se fue, mi papá se fue … y la lucha que tengo q hacer quisiera poder hacerla hombro a hombro con ellos, pero las distancias se me hacen más largas, especialmente cuando las macanas se nos acercan.

La depresión es general, eso lo he podido ver. Muchos estamos tristes porque sabemos que se están quedando con todo, que el país se fue a la mierda mientras el pueblo dormía en la misma cama que La Comay. Ahora nos tocó despertar y encontrar la casa en llamas. Sólo falta despertar el resto antes de que el techo se nos derribe encima hecho cenizas…

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While I wait, a riot begins.

Getting mentally ready for the snip snip on Gallifrey’s balls. I was instructed to withdraw his food since 8pm tonight. That means withdrawing his food and Caprica’s food – and their water –  as well (Gallifrey is not a very discerning cat, he’ll eat dog food as happily as his own cat chow). The house feels a bit empty. Vero is at work and Eze is out and about recording for #EnProfundo. I think Caprica knows something is not right.

..she knows something's amiss..

I’m almost sure Caprica would go into a depression if Gallifrey ever went missing…

On another note, this is the new turn on things going on in the UPR strike:

The police of PR spending our dollar so well...

Students and other interested parties went to protest at the Sheraton Hotel. Governor Fortuño was holding an activity in this hotel in which people were paying $1000 per plate… this in a system in which we’re being told there’s not enough money to uphold a functional budget for the public university. Protesting students were approached by the riot police… and you know how these things go. Next thing we know, they’ll be heading towards Río Piedras campus…

Things are getting out of hand…

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