Jul 27

He estado out of the loop por algunas semanas ya. No he visto a mi madre en dos semanas y no he hablado con mi padre en el mismo tiempo. La mayoría del tiempo lo he pasado enconada en mi casa, en un estado de estupor entre dormida y despierta, con un dolor de espalda que probablemente trae el nombre “Colchón Viejo” tallado en su origen, celebrando a media potencia cumpleaños y aniversarios…

Una de las razones para este comportamiento de hibernación en pleno verano es La Monografía. La Monografía, que me ha venido quitando el sueño desde principios de semestre, cuando (a mí nada más) se me ocurrió transar con la profesora: a cambio del primer examen parcial, mejor hago una monografía. Sonaba a “¡excelente idea, Diana Campo!”, especialmente porque quería ir acostumbrándome nuevamente a ese tipo de tarea académica para cuando me empiece el martirio de la maestría (ya falta poco, falta muy poco).

Lo que no me esperaba era la infatuación (rayando en adoración)  que iba a desarrollarse con la profesora: su nivel de conocimiento y erudición, especialmente acerca del tema que había escogido para la monografía, era intimidante. ¿A quién rayos se le ocurre ponerse a hablarle a la prof. Luce Lopez-Baralt acerca de Don Quijote?

A esta guanaja que está aquí.

Tras mi mamá haberme pagado (tan generosamente)  un cursillo de 10 horas contacto acerca del Quijote – con la propia profesora, en la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, – yo estaba cada vez menos y menos segura de mí misma. De lo que estaba segura era de que no había NADA que yo pudiera decir del Quijote que Luce no hubiese escuchado ya como 300 veces… ni aún cuando se trataba de un paralelo entre Don Quijote y The Neverending Story.

Yep! Pasar un verano torturándome con lecturas obligadas: best summer evah!

Esa ansiedad se convirtió en una fuerza paralizante: no importa cuánto leía o dejaba de leer, no me sentí apropiada en ningún momento. Ni James Parr, ni Ruth El-Saffar ni Jorge Luis Borges me ayudaron a sentirme en mayor confianza con el tema. La extensión del semestre por la huelga tampoco hizo mucho por mi bienestar emocional: tenía más tiempo pero, en vez de escribir o leer, era más tiempo para atormentarme con la tarea que me esperaba.

Lo que me sacudió fue mucho más pueril: un sueño. Mejor dicho: una pesadilla. Sin entrar en los detalles más absurdos de lo que vi, Luce me tenía reunida para hablar acerca de la monografía y comenzó a hacerme preguntas acerca de lo que yo pensaba acerca del Quijote. En resumen, la Luce de mi sueño estaba negándome la dualidad maravillosa de la locura de Don Quijote, cosa que me parecía absurda porque Luce es la primera en quedar deleitada con los juegos mágicos que Cervantes se gasta en su mejor novela.

...también había un cojonal de dulces y helado en el sueño, pero eso no viene al caso.

En fin, con ese sueño quedé asegurada de que lo que sabía del Quijote, lo sabía bien. Y me puse a escribir.

Y lo comparto con mis lectores porque no es justo que no actualice mi blog en una eternidad y luego no tenga nada que mostrar como resultado:

Monografia_DianaMCampo

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Jun 11
Adulthood Dementia
Posted by Diana in life, writing on 06 11th, 2008| icon3No Comments »


Since I turned 30, I’ve felt a certain amount of mania creep into my actions and intentions. I don’t know if it was always so, and that I just became increasingly aware of my own nature, to this particular point in actuality in which I am sure I’m on the same league as hippies and hysterical moms. Or maybe things did change as I got to that figurative milestone of The 30s.

But as the mania set in, so did a ridiculous sense of prudence and shame, to the point that I check and double-check the things I write, the facts I disclose. And, yes, I have one particular friend to thank for that level of awareness(yes, you! You know who you are, you lurking scoundrel! I love you, though!), but I can’t really let the blame rest solely on others. I guess that the more things I get to write, the less I want to put “on the page”. The more complex I become as a person, the less I want to show about me.

A nitpicking of the public image, I guess. And it feels weird, because that’s not the way it used to be. At the same time, however, the less I publicize, the more free I feel. Isn’t that funny?

I guess that this strange sort of “writer’s block” will come to a close as soon as I get my first assignment to write something for a class. I have a feeling that my writings will change, and the absence of the word will give way to a forest of twisted facts entwined with thick tendrils of fantasy and fiction.

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