A veces trato de verle el sentido a la forma en que esta familia se ha desbandado.
Mi papá y Martha hace ya más de 4 años están viviendo fuera de la isla: se fueron a buscar una mejor vida, cosa que todavía nos cuestionamos: “hasta qué punto lo habrán logrado?” … porque si nos dejamos llevar por lo económico, “nanai cucas!”, como diría papi.
Mi abuela (la única que nos queda ya, después del lento deshoje de abuelitos que hemos visto desde hace 10 años) terminó tostá y encerrada en un hogar de ancianos. Allá la van a visitar mi mamá y mis hermanos todos lo fines de semana. Mi tía menor la visita [supongo que] cuando le entra la sensación de culpa, y mis otros dos tíos extranjerizados creo que todavía niegan que la mamá se les está muriendo, y prefieren desentenderse de la pelota de masa vieja que ya ni habla ni reconoce. Yo ni me he ocupado de visitarla, mis razones tengo, pero se me ocurre que después me voy a arrepentir de no haber hecho las paces con la doña de mi madre.
Mi hermana se ha ido enajenando de la familia en un lento proceso de emancipación emocional. Aún no entiendo la estrategia, pero ya llegó al punto culminante: hace poco avisó que se va de la casa con su novia. Este fin de semana entrante firman contrato y entregan depósito: toda una serie de etcéteras de adultos que me hacen sentir vieja cuando veo a mi hermanita bregando con eso.
Mi hermano ha sido el que menos se ha apartado del núcleo: se mantiene en contacto con los que importan y no se ha perdido en un bosque de amigos e intereses externos. No significa que a veces no me quede muda cuando me percato de que este ex-ponketo rebelde ahora se pone camisa de botón y manga larga y un pantalón de vestir para ir a trabajar a la Milla de Oro. Se siente como un anacronismo, circa Siglo 21.
Anoche analizaba todos estos detalles, a dónde ha ido a parar cada partícula de la familia, y me preguntaba si alguna vez pensé que así se sentiría nuestra adultez. A mis 21 años puede que no estuviera tan perdida como mi hermana, pero sí estaba tomando decisiones peores (metiendo mano con gente irresponsable, abortando, hundiéndome en mi propia crapulenta miseria). Si alguien me decía que 9 años más tarde: mi hermanita estaría Livin’ la Vida Lesbian; y mi hermano, bandeándose en el paraíso yuppie-boricua… me hubiera reído y mucho.
Ahora, qué bueno que nadie vino a contarme que mi papá cogería los bártulos y se iría de nuevo y por buen tiempo!… eso me hubiese destruído con bastante antelación. Mejor dejar esas lágrimas para ahora, cuando realmente tocan y tienen surcos por donde correr.





